Azafatas al borde de un ataque de nervios

Una vez que los huéspedes están a bordo, empieza la locura para la tripulación de un yate de lujo, y en especial ¡para las azafatas!

Los huéspedes tan emocionados por su llegada a esa preciosa isla en ese precioso yate que querrán hacerlo todo, ¡y todo a la vez!

Comer, beber, nadar con delfines, conducir las motos de agua, salir de compras…y un sinfín más de actividades que harán que la tripulación pase las horas corriendo y sin tiempo para cosas tan básicas como dormir o comer…

 

Y además de estar hambrientos y exhaustos, tenemos que lucir la mejor de nuestras sonrisas 24 horas al día.

No hay nada que les guste más a los huéspedes que ver a la tripulación sonreír (y el tamaño de nuestra propina será directamente proporcional al tamaño de nuestra sonrisa)

Las azafatas tendrán que ponerse una buena capa de maquillaje cada mañana para esconder esas horribles ojeras y cara de cansancio. Sin embargo, los marineros habrán dejado de arreglarse el pelo desde el minuto dos del viaje (¡qué vida mas injusta!)

¿Y la pobre Jefa de Azafatas…? Pues la Jefa será seguramente la que menos duerma y menos coma de toda la tripulación.

Estará tan preocupada por que todo esté perfecto que ni se acordará de que lleva días sin comer y/o dormir…

Ella es la persona con la que los huéspedes interactúan directamente y la persona que está siempre ahí, desde el momento en que el primer invitado se despierta hasta el momento en que el último se va a dormir (y en muchas ocasiones se solapan)

Les sirve la comida, les prepara sus cócteles preferidos, removerá cielo y tierra para conseguir esa botella de vino tan especial que se les ha antojado en el último minuto, organizará las lanchas con los marineros porque la mitad de los invitados quieren ir de compras mientras que la otra mitad quieren ir a bucear…En fin, mil cosas a la vez en su cabeza, excepto comer.

Mi punto fuerte para sorprender a los invitados siempre han sido las decoraciones de mesas, es algo que se me ha dado bien desde mucho antes de trabajar en yates de lujo y disfruto mucho con ello.

Desgraciadamente, hacer un bonito montaje puede llevar horas, y yo nunca disponía de tanto tiempo sólo para decorar una mesa.

Aún así, siempre acababa encontrando la manera de sorprender a mis huéspedes…

Y os cuento un pequeño truco…el primer y último día del viaje hay que sacar toda la artillería pesada. Si impresionas a los invitados el primer día tienes el 80% de posibilidades de que el viaje sea todo un éxito.

El último día estaremos exhaustas y no veremos la hora de que se vayan a sus casas y nosotras a la cama, pero hay que hacer un último esfuerzo para dejarlos con los ojos abiertos como platos…

Espero que os haya gustado este post y me encantará volver a encontrarme con vosotros el próximo jueves.

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