Los ojos como platos en mi primer yate

Recuerdo con muchísima ilusión mis primeros días de trabajo.

Todo era nuevo para mí y me pasaba los días con los ojos abiertos como platos, como una niña pequeña que va por primera vez a Disneyland. (O bueno, no tan pequeña…yo fui a Disneyland con 25 años y ¡me pasé todo el fin de semana alucinada! Pero esa es otra historia que ya os contaré más adelante)

Y ésta es la regla número uno que todo el que quiera empezar a trabajar en un yate de lujo debe de saber: es absolutamente imprescindible y obligatorio quitarse los zapatos antes de poner un pie a bordo.

A lo mejor esta regla marítima de oro es conocimiento general, pero yo no tenía ni la más mínima idea, y os puedo asegurar que la cara que mis compañeros pusieron cuando me vieron subir al yate con los zapatos puestos hizo que esta norma se quedase grabada en mi cabeza para siempre.

No había empezado con muy buen pie mi nueva carrera…

A lo mejor esta regla marítima de oro es conocimiento general, pero yo no tenía ni la más mínima idea, y os puedo asegurar que la cara que mis compañeros pusieron cuando me vieron subir al yate con los zapatos puestos hizo que esta norma se quedase grabada en mi cabeza para siempre! No había empezado con muy buen pie mi nueva carrera…

Así, como quien no quiere la cosa, este mundo en el que acababa de entrar me fascinó desde el primer instante.

Las semanas y los meses pasaban y yo cada vez estaba más segura de que Superyachting para mí no era algo pasajero sino que quería hacer de ello mi carrera.

Por razones obvias, no os puedo decir el nombre de mi primer yate, pero os lo describiré en el próximo post ya que es uno de los mejores yates (sino el mejor) en los que he trabajado.

Espero que os haya gustado este pequeño aperitivo y tengáis ganas de seguir adentrándoos conmigo en este fascinante mundo.

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